Cada tanto sueño con ella
esta vez caminábamos de noche por el Belgrano
y mágicamente, como solo pasa en los sueños,
aparecimos en plaza Moreno.
Un horizonte amplio y despejado
daba lugar a una vista completa del cielo nocturno.
La luna creciendo y estrellas que no suelen estar
-Mirá, mirá-le dije apuntando con el dedo sobre nosotras:
Muchas estrellas fugaces cruzaban el firmamento
finitas e inquietas
como haditas cosmicas
hermosas.
Una de ellas empezó a bajar
a bajar
a
bajar,
bailó en el aire ante nuestro asombro
convertida en una pluma prendida fuego
*