El sol se estira y sus rayos llegan a calcinar a los cuerpitos.
No se mesen con el viento:
Infernales son los cuerpitos.
Deformes, jugosos, vibrantes.
Corren sin parar hacia lo más profundo,
escapando de un ser superior,
Como el átomo del electrón,
le comparte su energía expansiva.
De la misma forma nacen los renacuajos.
Tantos y tan pequeños, aferrados a sus incipientes vidas.
Uno, dos, tres
los hermanos caen como espermatozoides en una laringe.
Extensa, profunda, apretada.
Como tunel a la pesadilla más oscura.
Caer hasta el fondo y luego salir de un impulso a la superficie.
Más allá del nivel del mar,
mas alla de la cima,
las estrellas ahogan todo eso que no te deja dormir.
La premonición maldita derramandose en el agua...
igual que miel envenenada.
Susurrante:
como caracoles marinos inquietos por la corriente del mar.
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